Descubrí que cuando no tengo trabajo me vuelvo compradora compulsiva de café en la calle. Es curioso -y contraproducente- porque tengo menos dinero y cada tarde de cafetería post-despido cuesta.
Hoy tuve suerte y me senté en un sitio nuevo, con precios bajísimos: $10 la taza de café. Me sentí culpable de que estuviera tan barato... Si el negocio no da ganancias, en unos meses cerrarán el lugar y las dos chicas amables que me atendieron se sumarán a la cifra de desempleo.


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