UNA crece observando desde lo más bajito, la extraña dicotomía que a su alrededor emerge. Dos mundos paralelos construidos por personitas de cuerpos sexuados y comportamientos extraños.
Desde bien chiquita UNA identifica el mundo de los UNOS, al que pertenece su padre, su hermano, sus tíos, primos y aquellos compañeros de clase, que si bien son de su altura, a fuerza de tortas, balonazos heroicos y egos masculinos, se van ganando los mejores puestos en el nuevo mundo.
UNA se reconoce como UNA, principalmente porque desde bien chiquita todo su alrededor se viste de colores rosados, de faldas y vestidos bien ñoños y tirones de cabello despeinado. Las muñecas y peluches se convierten por momentos en ocupas de aquella cama de princesa labrada con flores. Como el resto de UNITAS, cada sábado se siente obligada a realizar las tareas del hogar bajo las ordenes expresas de mamá, a quién dicho sea de paso, se la ve bien integrada en el laborioso mundo de las UNAS.
Entre fogones y telenovelas UNA hace sus tareas del cole, y pasa las tardes bien juiciosa compartiendo tranquilamente con las otras UNAS de su edad, mientras observa el mundo de los UNOS por el rabillo del ojo.
Así fueron pasando los días y fueron llegando los años, en el ritual de la vida de UNA.
UNA creció y su cuerpo sexuado cambió. Tanto así, que en una fría noche de abril su entrepierna se humedeció. UNA lloró y lloró y lloró. Susurraban las malas lenguas del barrio, que UNA sangraría de igual manera cada mes, por los siglos de los siglos, ¡amén! y por tal razón, pariría con dolor. Fue tanta la desdicha que sintió, que su rosada cara de la infancia palideció del espanto.
Pasaron los meses y UNA decidió explorarse y conocerse, muchos eran los cambios que su cuerpo sexuado vivía. Encontró por aquellos días, los maravillosos rincones de placer que su ser de UNA escondía.
El mundo de las UNAS comenzaba a visualizarse alentador, cargado de nuevos descubrimientos, secretos de UNAS susurrados al oído, risas infinitas compartidas de alegría y cachetes sonrojados tras el cruce de miradas masculinas.
En este deseo inmediato del conocer y el compartir, UNA se enamoró. Y voló y voló y voló… impulsada por la cometa del amor. Pasaron los años y UNA sintió tensión en ese hilo de unión. Andaba triste, cabizbaja, y sin tan solo un reflejo de luz en sus ojos.
Pero una noche, según iban pasando los días e iban llegando los años en el ritual de la vida de UNA, UNA soñó que volaba, que traspasaba mares, valles, ríos y montañas, y que ese hermoso viaje le hacía inmensamente feliz.
Al despertar una sonrisa infinita se dibujaba en su cara.
Fue entonces cuando recordó, que alguna vez, cuando aun era bien chiquita, su abuela materna le había repetido insistentemente: “UNA, hijita mía, los años me enseñaron algo y quiero que lo recuerdes por siempre: solo los sueños que se desean de verdad se tornan realidad. No lo olvides hijita mía y sueña, sueña y vive UNITA mía”.
Esa mañana UNA pegó un brinco de la cama y salió corriendo al balcón a recibir los rayos del sol. Levantó los brazos, miró hacía al cielo y pensó: Hoy, hoy, abuelita mía… hoy los SUEÑOS DE UNA comienzan a hacerse realidad en el ritual de la vida.
Desde aquel día, UNA fue poco a poco construyendo el viaje de sus sueños, que al fin y al cabo, conformaban el sagrado ritual de su vida. Un viaje cargado de autonomía, respeto, conocimientos, abrazos y caricias que permeaban el mundo de las UNAS y los UNOS. Un viaje en el que los dos mundos paralelos sobre los que ella creció, se compartían, se mimaban, se miraban profundamente a los ojos y, lo más importante, se reconocían. Un viaje en el que los cuerpos eran muchos más que simples cuerpos sexuados; eran cuerpo hermosos, sabios, diversos, e infinitos.
El color de la piel, los olores y sentires de este lindo caminar, cambiaban a cada instante, y UNA disfrutaba así a cada paso.
Como si de atravesar la línea equinoccial de la mitad del mundo se tratara, aquel mágico día, UNA puso un pie en el mundo de los sueños… Y fue ahí, en ese preciso instante, donde el ritual de la vida de UNA, ¡se torno multicolor!


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